lunes, 16 de mayo de 2016

Estoy chato

Hago el contraste con la foto de una mujer hermosa y los versos de un iusfilósofo arcaico que ya no logró notoriedad.
Hago ese contraste porque me gusta. Porque la mujer hermosa representa lo que no tengo, la frontera de mi vida y el iusfilósofo es el contenido de mi realidad. Aquellas nauseabundas palabras, aquellas putrefactas sentencias. Si de entre el mundo de los lateros, el bueno de Helmut Coing es el peor.
La mujer hermosa en tanto me ignora, y se hace estéril aquel interminable tipeo de sensaciones que me hace sentir la distancia entre su piel y mis pupilas.
Acá figuro, cual ratón de biblioteca, sacándole el polvo a algo se volverá a olvidar en algún escritorio, esta vez virtual. Quizás se llegue a reemplazar el apellido de Vierkandt por el de González. Y seré odiado al igual que lo odió la gente a mediados del siglo XX. Por fome, por latero, por perpetuar un sin número de pensamientos obsoletos, de teorías vetustas y de increíble monotonía.
¿Habré perdido la batalla frente a mi mismo?
¿Estaré condenado por el resto de mis días a contar la cantidad de pasos que me separan de la hermosa mujer mientras acumulo palabras mecanografiadas por minuto acerca de todos esos viejos de mierda que ya son uno con la tierra?

Es absurdo pensar en el mañana, porque aun me queda trabajo por hacer...

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