lunes, 18 de julio de 2016

VI

¿Que tal si solo soy un espectador de tu vuelo sideral?
¿Que tal si solo me encuentro mirando detrás del cristal?
Siento a veces que nos separa una delgada pero firme capa.
No te puedo tocar, no te puedo sentir
¿Y tú? tú no sabes nada de mí.
No sé de que lado del tablero estoy
quizás soy una pieza guardada
esperando cambiar por peón.
Quisiera muy firmemente entrar a tu juego
quisiera pensar que tengo el fulgor
la pasión necesaria, infinita como los destellos de tu pelo
como la calma de tu voz

Pero el miedo me corroe, no soy de este mundo
no soy de tu mundo
estamos separados tras el limpio y cruel cristal

No me puedes ver, no te puedo tocar.

lunes, 11 de julio de 2016

El día en que guardé silencio

A una hora indeterminada de la noche/madrugada ya tenía ganas de irme a acostar cuando llegó el A.
Estábamos cagados de hambre y yo de manera automática me puse a cocinar los mejores tallarines de la semana, como si se los fuese a preparar al propio Jesucristo.
Luego seguimos hablando nimiedades y encendiendo aquellos improvisados pitillos. Podríamos haber estado meses enteros haciendo lo mismo y hubiésemos seguido riendo, hasta que la P. me muestra un mensaje de algún sistema de comunicación instantánea de moda y ahí estaba, como si se tratara de la vuelta de Juan el Bautista. Había un rumor del regreso del hijo pródigo al privado ambiente nocturno del departamento con numeración diabólica.
No avisa por citófono. Solo apareció frente a mi. Lo veo por el ojo mágico pero no lo reconozco (como el peregrino no reconoció a Jesús en la calzada de Emaús). Abro la puerta y veo una espalda gigante, como de moai y un estampado gigante de alguna especie de águila o cualquier animal fabuloso alado. Luego se dio vuelta y tampoco le reconocí del todo. No sé si habrá sido el tiempo, o la carga de los últimos sucesos que atribularon nuestra indirecta separación o simplemente el hecho que había fumado tanto que mi cerebro estaba en penoso estado funcional que lo sentí de al menos 1,95, con la piel color obsidiana y con un par de ojos que más que ver, quemaban. Sentí un respeto tremendo y un miedo que me corrió por toda la espalda. Luego me relajé con su clásico "como estai, hueon" o algo así. Aun así me mantuve tenso, paranoico. Era probable que no lo haya traído un Uber, sino un EVA. Aunque también barajaba la posibilidad que haya venido cagado de frío caminando desde algún expendio de bebidas alcohólicas.
Se sentó en la mesa y siguió conversando con D. A. y P. Todos estaban felices con su presencia excepto A. quizás, por no conocerlo más allá de algún relato furtivo. Yo tenía esa mezcla, pero la añoranza hacía que no estuviese disgustado. Me fui acostumbrando y E. Ya volvía a su tamaño y color normal. Solo su águila (o lo que fuese) me parecía impresionante aun.
Ya completamente relajado siento que mi teléfono relampaguea y contesto. Contrastó la siempre dulce voz de C. con el amenazante mensaje que traía. Con J. (y un ejercito de gente) iban en dirección a mi departamento y temía por la integridad de mi hogar, de J. misma y ciertamente, de este mundo.
Finalmente el cuarto impacto se dio, pero no pasó nada. Solo sé que pasaron cerca de 16 minutos con todos en el mismo lugar, aunque para mi fueron años y quedé completamente paralizado.
En el intertanto llegaron unos hueones a morir a mi depto y luego se fueron, pero no fueron importantes.
Luego, de la nada, todos desalojaron el lugar. Desde J. hasta E.
Yo, como durante toda la velada, solo guardé silencio.