lunes, 10 de octubre de 2016

Clona

Ahí estaba el joven, nuevamente en soledad frente a la multitud. Recogiendo de a poco los pedazos de su propia imagen que se rompieron segundos antes. Mil fracciones de todos los lugares más recónditos de su alma pisados por desconocidos.
La desesperación lo abraza como una mochila pesada, o como un lagarto, no sé. La sanguijuela de la melancolía le succiona la sangre y los huesos se le convierten en gelatina.
¿Acaso murió y este es el infierno para el joven?, lo último que recuerda es haberse sumergido en el mar sin saber nadar. Un salto y ya, abandonando el barquito que resguardaba sus ilusiones. La infancia terminó y la adolescencia fue un fracaso. ¿De eso se trata ser adulto? Solo tiene añoranzas de tiempos pretéritos en donde no se sufría. Solo se cantaba, solo se jugaba en rondas, se pelaban las rodillas y a llorar unos quince minutos.
Ahora es todo para siempre y las rodillas duelen más que la pena de un hijo muerto o una traición de tu propia patria enviándote lejos del hogar. Los cristales de su alma se confunden con el vidrio roto de las botellas que caen sobre su cabeza.
El joven va de a poco rindiéndose, perdiendo el conocimiento.
El joven suelta una lágrima y se tiende a dormir.

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