miércoles, 2 de noviembre de 2016

Para eliSa de Ceethoven

Me siento más lejos de ti que nunca.
Recuerdo tu consejo, el cual nunca seguí. Como si supiera que de un momento a otro me cortarías con esa lámina de hielo.
Pensé en tu fecha de cumpleaños, la cual coincide con mi primera gran pena de mi vida. Pensé en regalarte algo. Luego pensé en que eso me enviaría ya directamente a un país distinto al tuyo. Todo eso aceptando que aun seguimos en el mismo, tu en la cordillera, yo en el mar.
Te cuento que el mar me tragó este fin de semana, convirtiéndome en piedra, viviendo cual pescador se marea con las sirenas. Me ahogué tantas y cuantas veces puede un hombre hacerlo sin dejar de vivir. Ahora me encuentro escupiendo el agua salada, mientras pienso solamente en la cima en la que estas, nevada, preciosa, inmaculada casi. Mi comportamiento perdido y taciturno es incomprensible y te ha elevado más allá del Olimpo y la ambrosía. Mientras yo con mi adoración sin sentido peleo con los titanes y vago en los infiernos de dante a pie. Ahora eres una diosa y yo un animal.

Quisiera tanto que leyeras esto y a la vez me da tanta vergüenza. Después de todo la mayor desnudez es la del alma.

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